Estudios de Tendencia

Datos sobre la participación electoral

La participación electoral ha caído, pero mucho menos de lo que se ventila en los medios. En la primera vuelta 2013, el número de votos fue sólo un 6% inferior al promedio de las presidenciales (sin considerar balotajes).

Es engañoso calcular la tasa de abstención sobre un padrón electoral que creció explosivamente en un 64% debido a la inscripción automática, pues más del 70% de lo que hoy figura como abstención corresponde a personas que antes no estaban inscritas. La mayor abstención en la segunda vuelta 2013 se explica, además, por el natural desinterés en una carrera ganada (todo lo contrario del balotaje Lagos-Lavín en 2000).

Con voto obligatorio votaban en promedio 7,2 millones en la presidencial y con voto voluntario en 1° vuelta esa cifra cayó a 6,7 millones (500 mil votos menos). Como era carrera ganada, en la 2° vuelta votaron 5,7 millones (1 millón menos). La crisis de legitimidad existe, pero es dudoso que se refleje en la abstención, porque ésta se explica bastante bien por el voto voluntario y el nulo atractivo de un balotaje innecesario. Donde sí se expresa esa crisis es en los movimientos sociales como el estudiantil, en la medida en que instalaron en el discurso público un modelo opuesto al neoliberal, el de la educación como bien público (extensible a otros bienes). Pero estos movimientos no están necesariamente marginándose de la institucionalidad, pues hay varias señales de articulación con ella: una agenda pública fuertemente permeada por las demandas ciudadanas, algunas bastante elaboradas pese al velo de los medios masivos, y en la elección de diputados provenientes de esos movimientos. Siempre existirá el riesgo de cooptación y gatopardismo de un lado, así como de escalada de expectativas e inflación sociopolítica del otro. Eso es lo que tendrá que equilibrar el nuevo gobierno.

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